“Ahora mi empresa es mi propia santidad”
Entrevista a María Teresa Campos Valencia, Jefa de Marketing del Instituto del Sur quien renunció a todo para dedicarse a la vida consagrada

- Desde hace unos días, se encuentra en la casa de formación de la Fraternidad Mariana de la Reconciliación, una asociación pública de laicas consagradas y que forman parte de la Familia Sodálite.
- Tiene 35 años y es Arequipeña
— ¿Cómo así optaste por la vida consagrada? pues eras Directora de Marketing de una institución educativa y dejarlo todo no es muy común en el mundo actual…
— Mi cuestionamiento vocacional tiene una larga trayectoria. Empezó hace 10 años, al poco tiempo de que se fundara la Fraternidad en Arequipa. En un primer momento y luego de 2 años de discernimiento, creí que mi vocación era al matrimonio. Yo pensé que el Señor me llamaba a anunciarlo de manera particular como mujer casada, madre de familia y profesional.
Mi trabajo como Directora de Marketing y como profesora en el Instituto del Sur me realizaba muchísimo, pues permitía hacer tangible el anhelo de anunciar al Señor, mostrando a los estudiantes que es posible ser una profesional de “éxito” y a la vez una mujer católica coherente… en otras palabras, que se puede estar en el mundo y se puede y se debe ser santa…
Y si bien profesionalmente me estaba desplegando, realizando, en el fondo del corazón tenía una insatisfacción que en vez de disminuir con los logros profesionales y personales, estaba en aumento. Y era justamente el no responder a la vocación a la que estaba llamada lo que generaba esta insatisfacción.
— Eres desde hace poco AMI, un paso importante en tu discernimiento imagino...
— Efectivamente, la Asociación de María Inmaculada es una asociación de la familia sodálite que congrega a mujeres que tienen cuestionamiento y desean discernir su vocación; y a mujeres con vocación a la vida matrimonial que desean vivir coherentemente su fe, acogiendo el llamado de Dios a la santidad y viviendo el apostolado como rasgo característico, siempre de manera cercana a la Fraternidad.
Yo realicé mi promesa AMI para el matrimonio el 18 de mayo del 2007, promesa que definitivamente fue importantísima en mi discernimiento, pues me permitió el espacio y el silencio necesarios –más allá de mis actividades profesionales que eran muchas– para acoger la gracia del Señor y así redescubrir cual era la verdadera vocación que desde siempre había impreso en mi corazón.
— Será de seguro un cambio radical en tu vida...
— Definitivamente implica un cambio radical en mi vida. Yo he trabajado desde hace 10 años en el Instituto y estoy muy acostumbrada a la actividad empresarial, buscando siempre alcanzar metas, procurando la eficiencia y eficacia, cuestiones normales y deseadas en instituciones y empresas. Ahora mi empresa es mi propia santidad y el deseo de anunciar al Señor en primera persona, de mostrar a las personas quien es el Señor, de llevarles su amor, el cual me ha tocado personal y profundamente. Es un cambio radical en mi vida, pero por el Señor no importa.

— ¿Por qué a través de la FMR?
— Es muy simple, soy Fraterna… el Señor me ha querido Fraterna desde antes de nacer y me ha dado un corazón fraterno, que anhela profundamente estar plenamente disponible para anunciarlo. El ser laica consagrada me permite insertarme en el mundo y anunciarlo en primera persona.
El apostolado con los jóvenes –el cual de cierta manera ya hacia a través de la docencia–, el apostolado a las familias, el servicio solidario a personas necesitadas y, de manera especial, la evangelización de la cultura, son acentos del apostolado en la Fraternidad que deseo realizar, pues responden a quién soy yo y a la forma como anhelo desplegarme.
— ¿Cómo se puede "descubrir" este llamado? ¿Hay algo en particular que se debe ver o interiorizar y que quieres compartir para quienes también tengan esta inquietud?
— Bueno, en primer lugar es ser sincero con uno mismo. La vocación es el llamado particular que el Señor nos hace, que está impreso en nuestro ser y que responde a quien es cada uno. Y por más confundido que uno esté, en el fondo del corazón siempre se intuye cual es este llamado.
En segundo lugar, y más importante aún, es el encuentro personal e íntimo con el Señor, pues solo Él, ante la duda, puede mostrarle a uno cuál es su vocación.
— ¿Cuál es tu experiencia actual, tras responder a tu vocación?
— Como podrás comprender de una inmensa alegría. Familiares y amigos me han pedido que les explique porque pienso que esta es mi vocación y, si bien existen muchas razones, creo que la puedo sintetizar de esta manera: Mi corazón tenía una herida de insatisfacción que no cerraba, que estaba presente siempre y que en el último tiempo empezaba a crecer. Hoy esa herida está cerrada. Mi corazón por fin está en paz, tranquilo y más aún, está encajado en el lugar donde debe estar, que es la Fraternidad.
— ¿Qué esperas o cuáles son tus expectativas hoy?
— Empezar el tiempo de formación, profundizando mi vocación y preparándome espiritual, intelectual y físicamente para poder vivir la disponibilidad a la que el Señor me llama.
— ¿A dónde irás a formarte y por cuánto tiempo?
— Por tres años me estaré formando en Lima, en la Comunidad María Inmaculada de Chaclacayo.
— Luego de la formación, ¿cuáles son las etapas de crecimiento y de trabajo?
— Bueno, luego de la formación, el Señor dirá dónde y cómo.
En Formación se hacen 2 promesas, de aspirantes y de postulantes. Posteriormente haré la Consagración a María, Profesión Temporal y Profesión Perpetua.
Coordinación de Comunicaciones e Imagen
Arequipa, mayo de 2008
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